A finales del siglo XVIII, se calculaba que el número de pobladores del territorio oriental ascendía a 30.665 habitantes. Esta cifra se componía de españoles, criollos, esclavos africanos, unos pocos indígenas y mestizos.
El primer Censo General se realizó en 1852, después de la Guerra Grande y durante el gobierno de Giró. El segundo se efectuó poco después, en 1860, bajo el gobierno de Berro. El tercero fue en 1908, durante el gobierno de Williman y el Cuarto Censo General es de 1963. Es posible, a partir de los datos aportados por las estimaciones consecuentes, discernir con cierta aproximación, cuál fue el aporte de los conjuntos migratorios.
El grueso de los inmigrantes vino por mar: gallegos, vascos, canarios, catalanes, piamonteses, sicilianos, calabreses, bretones, del mundo latino; de otros orígenes europeos: ingleses, irlandeses, escoceses, alemanes, suizos y eslavos. Fueron llegando en forma de oleadas y los distintos estudiosos resumen el proceso de forma parecida:
Hasta 1842 llegan más de 30.000 inmigrantes que pasan a residir en su mayoría en Montevideo. Se calculan en ese entonces en la capital, entre 15.000 y 18.000 franceses, en general de origen vasco. Llega también un número interesante de ingleses, que reparten su actividad entre el comercio y la ganadería y resaltemos que el flujo de españoles se mantiene constante como consecuencia del empobrecimiento de España en la época.
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EL PERIODO BRASILEÑO
Durante la Guerra Grande, se detuvo el flujo migratorio europeo e incluso muchos inmigrantes se desplazaron a la Argentina. Al final de la contienda sucede otra oleada migratoria, con la particularidad de que la mayor parte de los que llegan no se quedan en Montevideo sino que se dirigen al campo. Los inmigrantes han pasado del 21,6 % del censo de 1852 al 35%. El primer lugar lo ocupan los brasileños con 19.100 personas; a continuación 18.330 españoles, 10.000 italianos y 8.900 franceses. Los brasileños se concentran en el norte del Río Negro.
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EL PERÍODO ESPAÑOL
En el año 1872 en la república había 420.000 pobladores, de los cuales 103.000 eran extranjeros. Los españoles tenían una pequeña diferencia sobre los italianos. Se contaban entonces 37 .000 españoles, 32.000 italianos y 17.700 vascofranceses.
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EL PERIODO ITALIANO
Posteriormente a la «‘Cruzada Libertadora» de Flores se produce un nuevo incremento de las olas migratorias, también favorecidas por el auge portuario de Montevideo durante la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay. Italia pasa entonces a ser el origen del mayor flujo inmigratorio. Llegan milicias licenciadas, artesanos sin trabajo, músicos ambulantes, limpiabotas, ciegos, inválidos v mendigos, famélicos que huyen de un país empobrecido. El censo de Montevideo de 1884 da una cifra de 115.S00 habitantes, siendo un 45 % de esta cifra de inmigrantes, de los cuales 33.000 son italianos, 22.000 españoles y 7.400 franceses.
¿Había rivalidad entre inmigrantes y criollos? Si, existía una rivalidad planteada tanto en términos ideológicos como emocionales. Se enfrentaban dos universos muy diferentes y los criollos sentían que se producía una invasión de “su” mundo por gente extraña. Los extranjeros demostraban ser más hábiles, más laboriosos e ingeniosos, compitiendo con los artesanos y jornaleros criollos que perdían en la comparación. Los sectores más modestos de los orientales manifestaban un rechazo mecánico hacia lo europeo. Por su parte el inmigrante percibía a la sociedad fuera de su entorno inmediato como sinónimo de barbarie.
Una mención aparte merece la aportación al entramado social, de las personas que provenían del comercio esclavista.
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ESCLAVISMO
La introducción de negros se produce en épocas posteriores al resto del continente. En el Río de la Plata la esclavitud tuvo un cariz diferente a la de otros países. El esclavo no tenía la misma importancia en la producción que tuvo en otras partes; su posesión tenía un carácter más suntuario y de ostentación.
Según Petit Muñoz (1948) hubo tres períodos en la introducción de esclavos: Uno, en los comienzos de la fundación de Colonia del Sacramento, alrededor de 1680, donde eran traídos por los portugueses (anterior al comercio de esclavos y la introducción fue esporádica y en general clandestina y fraudulenta, como es caso de naves negreras que pretextaban «arribada» forzosa, pidiendo luego al cabildo autorización para mercadear su carga).
En 1743 llegan a Montevideo los buques que traían de Guinea el primer cargamento de esclavos legalmente destinado a este puerto. Las luchas por la independencia y en seguida, la importancia creciente del movimiento abolicionista, hicieron que a partir de 1810 disminuyera cuantiosamente el ingreso de esclavos, tanto originarios de África como de Brasil, ya que eran éstas las procedencias más importantes en los primeros años del siglo XIX.
Hacia 1778, se constatan entre 1.300 y 2500 personas de raza negra (según las fuentes tradicionales). El porcentaje mayor se registra en 1803 y de acuerdo con el padrón del Cabildo de Montevideo, en un total de 4.676 habitantes hay 899 negros esclavos, 141 mulatos libertos y 603 calificados de «indios», englobando con este nombre a los peones sin determinación racial. El conjunto de los integrantes no blancos alcanza casi a un 35 %.
En nuestro país fue anecdótica la asignación a tareas productivas, como el trabajo en los saladeros y el pequeño cultivo de subsistencia; excepcionalmente se destinaron al trabajo en las estancias ganaderas. Las funciones predominantes a las que fueron afectados fueron las de servicio.
La introducción de esclavos continuó en el Río de la Plata hasta 1839, cuando Argentina y Uruguay firmaron los tratados con Gran Bretaña. Como consecuencia de este tratado, el tráfico fue prohibido y la marina inglesa se encargó de la inspección de las naves sospechosas de fraude.
En plena Guerra Grande, en 1842, el gobierno de la Defensa confirma este tratado y aprueba una ley por la que se dispuso la libertad de todos los hombres útiles, que pasarían a servir en el ejército. Los no aptos, las mujeres y los niños pasaron a la condición de pupilos. Terminada la guerra, el proceso abolicionista se acoge a las leyes del 2 de mayo y el 23 de julio de 1853 que sancionaban la libertad para los menores y declaraba a la trata como acto de piratería.
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POSGUERRA
Como consecuencia de la crisis económica de 1890/1891, se invierte el flujo migratorio, lo que determina un crecimiento poblacional negativo. Es a partir de 1902/1904 que se recupera la entrada de contingentes humanos por distintas vías: unos por ultramar y otros desde Argentina, por la vía fluvial. Luego llega la Primera Guerra Mundial y sus efectos.
En la posguerra y hasta 1930 se produce una nueva ola de inmigración, compuesta por personas que no vienen de los países habituales. Llegan sobre todo eslavos, armenios, judíos, sirio libaneses y otros grupos.
De acuerdo a los resultados preliminares del censo de población de 2011, el 2,4% de la población del país ha nacido en el exterior. Entre los inmigrantes internacionales llegados a Uruguay a partir del año 2000, predominan los nacidos en Argentina (34,9%) y a continuación Brasil (17,5%); luego siguen los Estados Unidos (9%) y España (7%), siendo muy probable que una buena proporción corresponda a hijos de uruguayos nacidos en el exterior. Hay también un sector de la población inmigrante proveniente del Perú (4%).
Los departamentos con mayor porcentaje de inmigrantes son Rivera (3,8%), Montevideo (3,6%) y Maldonado (2,7%). En la frontera con Brasil (Rivera, Cerro Largo y Artigas) predominan los nacidos en ese país, mientras que en la frontera con Argentina (Colonia, Paysandú y Río Negro) se observa un importante porcentaje de nacidos en la vecina orilla.
La inmigración europea tuvo presencia, además del ámbito económico, en las diversas expresiones culturales, desde las artes plásticas, la arquitectura y el urbanismo, la música, hasta el lenguaje cotidiano y la gastronomía. Españoles e italianos aportaron de manera importante en el desarrollo de la actividad editora y la prensa, tanto en Montevideo como en otras ciudades del país.
También es de destacar la influencia de la inmigración europea en el proceso de desarrollo de la educación, tanto primaria como secundaria y universitaria, en su contribución como integrantes de los cuadros docentes. Estuvieron además entre los primeros profesionales, como médicos, ingenieros y agrónomos.
La interacción entre inmigrantes y población criolla colaboró positivamente a sentar las bases del sistema republicano uruguayo y a principios del siglo xx, se vio reflejado en un avance importante hacia formas más democráticas, representando una proyección en ese sentido más temprana y profundamente avanzada que el resto de los países latinoamericanos.
Desde mediados de la década de 1950 decreció el ingreso de inmigrantes y a partir de los sesenta, se constata un movimiento emigratorio.
La agudización de la crisis, los malos gobiernos y la gestión progresivamente más autoritaria, generó un clima de violencia y represión insostenible, con una contestación social también en aumento ante la pérdida de los derechos sustanciales. Así se llega al golpe de Estado de junio de 1973, instalándose una dictadura militar que duró doce años. Como consecuencia, las tasas de emigración alcanzaron los niveles históricamente más altos del Uruguay. Pero esto nos lleva a otro gran tema que merece un tratamiento especial: el exilio y sus consecuencias.
Fuentes:
OIM (Organización Internacional para las Migraciones)
Mourat. O. 1969. La inmigración y el crecimiento de la población en el Uruguay. 1830-1930.
Juan Carlos Luzuriaga: Los procesos inmigratorios en el Uruguay del Siglo XIX
Alcides Beretta: Uruguay, ¿país de inmigración?



